Diario Dcode Festival, volumen I

Cuando hace unos meses mi amiga Jessica me envió el Cartel de un nuevo Festival en Madrid, en seguida pensé que por fin alguien había tenido a bien resucitar al desaparecido Summercase en un entorno más céntrico que el del mítico Festival de Boadilla. En cuanto vi que esa nueva ubicación era Cantarranas, mi mente repasó entrenamientos y partidos de los últimos 15 años, y me confirmó que todo me llevaba a prepararme para un par de días de sol, música, minis de cerveza y buen rollo. En cuanto analicé el Cartel con más detalle, encontré apetecibles conciertos, Eels, The Hives, Lori Meyers, L.A., The Sounds..., combinados con una suerte de grupos punk, la mayoría de los cuales estaban claramente orientados a un público más bien adolescente, Sum 41, All Time Low y My Chemical Romance, estos últimos a caballo entre los prepúberes que los idolatran y un cierto sector que los considera una banda con más repertorio, aunque yo no soy uno de esos. Todos estos grupos concentrados en el primer día del Festival, lo que llevaba a plantearse coger la entrada del Sábado sólo, y no el Abono. En mi caso, el deseo de ver al gran Mr. E y a sus Eels, sobre todo, y a Lori Meyers y L.A., me llevó a pensar que por menos de 20€ más tenía el pack completo de los 2 días, algo que a tenor de la poquísima gente que había el Viernes, no le compensó a la gran mayoría.
Y llegó el Viernes, y comenzó, en mi caso, con Foster The People, un grupo bastante novel, pero que defendió su propuesta de pop elegante con gran soltura en el escenario, con la gran Pumped up Kicks consiguiendo animar a un escaso público a unas calurosas 8 de la tarde. A continuación, L.A. tuvo que tocar en un enano escenario, el cual hizo suyo, gracias también a una buena banda que lo acompaña, y consiguió conquistar a una fiel cohorte de seguidores que coreaban sus temas más conocidos. Con un buen sabor de boca de estos 2 conciertos nos dirigimos al Escenario 2 para ver a Eels, y como Mark Oliver Everett ha impuesto en su banda las barbas de ermitaño que luce como requisito para tocar con él, aunque apuesto a que alguno la lleva postiza. Pero no sólo debe de imponerles lo de la barba, porque pudimos ver que son una gran banda, y que Mr. E es un gran frontman. En el repertorio tiró de sus clásicos: Saturday Morning, Flyswatter, Novocaine for the Soul, Souljacker Part I, That's Not Really Funny, y una versión muy acelerada de My Beloved Monster y I like Birds, esta última reducida a no más de un minuto, fruto de la voluntad de Mr. E de hacerla más atractiva para el directo, pero que nos dejó con la sensación de no habernos enterado de que sonaba. Dejó de lado sus 2 últimos discos, y sí tocó algunas del Hombre Lobo, el mejor, en mi opinión, de los últimos discos que han salido de su prolífica cabeza. En definitiva, un concierto redondo y brillante que demuestra que puedes hacer música experimental en tus discos y ofrecer un directo de puro y duro Rock n' Roll sin que sean posturas incompatibles.
Fue entonces cuando los fans del punk americano, que venían de escuchar a unos malillos Sum 41 que se permitieron versionar a Metallica y Blink182, demostrando que están muy lejos de emularlos, tenían su gran momento con My Chemichal Romance, en cuyo concierto afloraron las muñecas desnudas, sin la pulserita naranja que nos marcaba como adultos y potenciales compradores de bebidas alcohólicas. Lo siento por los fans de MCR, no puedo opinar del concierto porque me pareció un gran momento para descansar y cenar algo. Y en este momento fue cuando la organización se ganó un buen tirón de orejas, fruto de la inexperiencia, asumo. Las opciones alimenticias se limitaban a unos bastante pobres bocadillos a la nada despreciable suma de 5€ la pieza, y que a pesar del robo fuimos incapaces de adquirir, salvo que estuviésemos dispuestos a aguantar una cola kilométrica en alguno de los 2 míseros puestos disponibles, a los cuales se les acabaron las existencias más rápido quenlo que dura un caramelo a la puerta de un colegio. Fruto de esa falta de criterio, se hacían de oro los vendedores de la puerta, que rápidamente habilitaron 2 planchas para ofrecer a un igual de prohibitivo precio unos bocadillos más suculentos de chorizo frito, panceta o salchichas y con 10 veces menos cola. Tras la parada técnica, Band of Horses demostraron ser una buena banda, pero mal situada en el Horario adormeciendo a la gente a la 1 de la mañana. Y es que eso es en lo que Lori Meyers son en cambio unos maestros, en potenciar su pop en directo, haciendo más potentes y bailables sus canciones, lo que convirtió en gran colofón de la noche a su concierto, con grandes momentos al sonar Luces de Neón, Mi Realidad, Religión y el gran tema final Alta Fidelidad.
En fin, un primer día salvado por grandes actuaciones y por unos increíbles Eels, pero que hubiera sido mejor llenar con alguno de los grandes grupos del día siguiente, para igualar, y en el que me sobraban los ídolos de la chavalería, que por otro lado no tuvieron el tirón que auguraban desde la organización. Y es que, en lo tocante a festivales, el público fiel es el que gusta del buen pop/rock independiente, y se demostraría al día siguiente. Sólo decir que tuve una gran compañía en este gran día, alguno de los cuales eché en falta en el segundo día de Festival. Y vaya lo que se perdieron. Pero para saberlo, deberéis esperar a la segunda parte del Diario de mi paso por el Dcode.

1 Comentario:

mapki dijo...

Ya estás tardando en escribir el segundo capítulo! Como se nota cuando alguien escribe con sabiduría, criterio, y sobre todo con pasión por la música xD Intuyo que sobre todo me perdí a L.A., Eels y algún desconocido que seguro me sorprendería gratamente :)

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