Dcode Festival, volumen II
El segundo día de peregrinaje festivalero empezó bien pronto, fruto de la voluntad de la organización de colocar a uno de los grupos nacionales con mayor proyección internacional, Polock, a unas excesivamente calurosas 5 de la tarde. Con sólo media hora para presentar los temas de su disco, y bajo un abrasador sol, los valencianos (estos son de los que acostumbran pagar sus trajes) demostraron que saben defender su pop colorista en un escenario, a pesar de los inconvenientes. Cuando estábamos a punto de consumirnos azotados por el tridente de Belcebú, porque si ese extenuante calor no es el que se destila en el más profundo de los infiernos, no sé dónde podría volver a vivirlo; algún "Premio Nobel" de la organización decidió terminar de ensañarse con este grupo y no les dejó tocar Fireworks, que se habían dejado para el final del concierto, con el lógico enfado del cantante, que educadamente se limitó a aceptar su sino, mientras los pocos valientes que presenciábamos el fustigamiento final de la incesante tortura que les habían aplicado nos indignábamos.
Nuestro cuerpo andaba en esos instantes cerca de la deshidratación, así que hicimos un alto en el camino para tomar el único acierto alimenticio el festival, un helado de mora, mango, dulce de leche, o lo que se terciase, y grandes cantidades de agua a la sombra en la zona de descanso, en la que el Sky de los cojines se nos pegaba como velcro. De esta guisa, escuchamos a lo lejos a Mucho y Manel, que a mí, personalmente, no me aportan nada. A continuación, veíamos comenzar el concierto de Havalina, en el escenario pequeño, en frente de nosotros. Este grupo tiene un potente directo, algo que se intuye ya en sus discos, pero su repertorio es monótono y repetitivo, sólo con algunos temas destacados como Desierto o Incursiones. Con gran dolor de nuestro corazón, y de nuestra piel que se empezaba a fundir con el Sky, abandonamos la sombra, cada vez más codiciada. En el escenario 2 comenzaba el concierto de Jamaica, que consiguieron elevar el buen rollo del personal con su bailable propuesta, especialmente con algunos de sus temas, como I think I like U2 o Cross the Fader. Tras ellos, y una rápida visita al PhotoCall de Bench, con camiseta por la gorra incluida (¡vamos a ganar, no lo dudéis compañeros festivaleros!), los Blood Red Shoes llenaban el escenario 1 con dosis de buen rock y tan solo una guitarra y una batería, y es que no necesitan más para enardecer a las masas a basa de decibelios. Gran momento en el que la guitarrista confesaba estar a punto de deshidratarse en el escenario, al que seguía sin dar tregua el sol, y el batería le contestaba que si quería le cambiaba de instrumento, a ver qué tal le parecía aquello. En este ir y venir de escenarios, que no fue nada duro, la verdad, estando uno al lado del otro, The Vaccines salieron a tocar y ofrecieron un muy interesante concierto dándole a sus temas un extra de ritmo y potencia en directo, algo de lo que adolecieron el día anterior Band of Horses, los cuales podrían tomar nota.
Y llegó el que luego bautizaríamos como el mejor concierto de la tarde/noche. The Hives salieron al escenario dispuestos a no dejar que nuestros esqueletos tuviesen un respiro, algo que consiguieron, y es que además tienen un espectacular frontman, capaz de animar al mismísimo Garci en su día de bajón, y que combinó buen rollo y una divertida pose chulesca ("la mejor de banda de rock del mundo en el escenario", proclamaba) para animar al público gracias a su precario pero efectivo español de octavo de EGB. Y no sólo fue divertido el concierto, también fue una bomba de relojería en explosión, como la de su canción Tick Tick Boom, con trallazos garage entre los que estuvieron todos sus clásicos, canciones de su gran The Black and White Album, y un apoteósico final con su gran hit: Hate to Say I Told you So. Sólo un pero, ajeno al grupo sueco, y es que de tanto botar, ante el secarral que es Cantarranas en verano, inhalamos más polvo que toda la farlopa que se pudo consumir en este festival junta. Por cierto, por si alguien aún tiene la duda, no coloca, pero te deja las secreciones nasales como el aceite de motor de un R5 (hablo con conocimiento de causa, que tuve uno hace años). Exhaustos del concierto de The Hives vimos aparecer a The Ting Tings, con mucha dosis de ritmo y bastante entrega. Fue un buen concierto, y es que su música es muy adecuada para no parar de moverse, algo que parece que continuará en su nuevo disco, a tenor de los temas nuevos que tocaron, que suenan algo más a funky. Pero lo que les falta en directo, a mi juicio, es apoyarse en unos músicos de estudio. Está muy bien que ellos toquen de todo en el disco, incluso que dedmuestren en el escenario que son capaces de hacerlo, pero eso de tocar, grabarlo y tirar de pedal para que suene repetido después, tiene un tufillo a playback que creo que les hace un flaco favor.
Llegó el turno de The Sounds, que combinaron clásicos como Living in America o Tony the Beat con temas de sus últimos discos, menos efectistas y en el caso de su último trabajo, demasiado electrónicos, pero su espectacular frontman Maja Ivarsson volvió a evidenciar que los suecos sosos no se enrolan en una banda de rock, sino que se dedican al resto de profesiones del país nórdico. Un buen fin de fiesta para un día de buena música en directo, inmejorable compañía y la sensación de que este día sí compensaba la asistencia a este nuevo festival madrileño, mención aparte para Foster the People, LA y Eels, del día anterior. Sólo quedaba el concierto de Cristal Castles, cuya propuesta electrónica me hubiera gustado ver, pero tras un día tan cargado de conciertos, el anhelo del descanso del guerrero fue superior que el de la inquietud musical.
Empiezo pues mi cuenta atrás para el Dcode 2012, confiando en que se repetirá, que se arreglarán los ligeros problemas de organización, que se eliminarán del cartel los grupos de adolescentes y que no me coincidirá con eventos importantes que marcan con letras grandes mi agenda veraniega del 2012.
Nuestro cuerpo andaba en esos instantes cerca de la deshidratación, así que hicimos un alto en el camino para tomar el único acierto alimenticio el festival, un helado de mora, mango, dulce de leche, o lo que se terciase, y grandes cantidades de agua a la sombra en la zona de descanso, en la que el Sky de los cojines se nos pegaba como velcro. De esta guisa, escuchamos a lo lejos a Mucho y Manel, que a mí, personalmente, no me aportan nada. A continuación, veíamos comenzar el concierto de Havalina, en el escenario pequeño, en frente de nosotros. Este grupo tiene un potente directo, algo que se intuye ya en sus discos, pero su repertorio es monótono y repetitivo, sólo con algunos temas destacados como Desierto o Incursiones. Con gran dolor de nuestro corazón, y de nuestra piel que se empezaba a fundir con el Sky, abandonamos la sombra, cada vez más codiciada. En el escenario 2 comenzaba el concierto de Jamaica, que consiguieron elevar el buen rollo del personal con su bailable propuesta, especialmente con algunos de sus temas, como I think I like U2 o Cross the Fader. Tras ellos, y una rápida visita al PhotoCall de Bench, con camiseta por la gorra incluida (¡vamos a ganar, no lo dudéis compañeros festivaleros!), los Blood Red Shoes llenaban el escenario 1 con dosis de buen rock y tan solo una guitarra y una batería, y es que no necesitan más para enardecer a las masas a basa de decibelios. Gran momento en el que la guitarrista confesaba estar a punto de deshidratarse en el escenario, al que seguía sin dar tregua el sol, y el batería le contestaba que si quería le cambiaba de instrumento, a ver qué tal le parecía aquello. En este ir y venir de escenarios, que no fue nada duro, la verdad, estando uno al lado del otro, The Vaccines salieron a tocar y ofrecieron un muy interesante concierto dándole a sus temas un extra de ritmo y potencia en directo, algo de lo que adolecieron el día anterior Band of Horses, los cuales podrían tomar nota.
Y llegó el que luego bautizaríamos como el mejor concierto de la tarde/noche. The Hives salieron al escenario dispuestos a no dejar que nuestros esqueletos tuviesen un respiro, algo que consiguieron, y es que además tienen un espectacular frontman, capaz de animar al mismísimo Garci en su día de bajón, y que combinó buen rollo y una divertida pose chulesca ("la mejor de banda de rock del mundo en el escenario", proclamaba) para animar al público gracias a su precario pero efectivo español de octavo de EGB. Y no sólo fue divertido el concierto, también fue una bomba de relojería en explosión, como la de su canción Tick Tick Boom, con trallazos garage entre los que estuvieron todos sus clásicos, canciones de su gran The Black and White Album, y un apoteósico final con su gran hit: Hate to Say I Told you So. Sólo un pero, ajeno al grupo sueco, y es que de tanto botar, ante el secarral que es Cantarranas en verano, inhalamos más polvo que toda la farlopa que se pudo consumir en este festival junta. Por cierto, por si alguien aún tiene la duda, no coloca, pero te deja las secreciones nasales como el aceite de motor de un R5 (hablo con conocimiento de causa, que tuve uno hace años). Exhaustos del concierto de The Hives vimos aparecer a The Ting Tings, con mucha dosis de ritmo y bastante entrega. Fue un buen concierto, y es que su música es muy adecuada para no parar de moverse, algo que parece que continuará en su nuevo disco, a tenor de los temas nuevos que tocaron, que suenan algo más a funky. Pero lo que les falta en directo, a mi juicio, es apoyarse en unos músicos de estudio. Está muy bien que ellos toquen de todo en el disco, incluso que dedmuestren en el escenario que son capaces de hacerlo, pero eso de tocar, grabarlo y tirar de pedal para que suene repetido después, tiene un tufillo a playback que creo que les hace un flaco favor.
Llegó el turno de The Sounds, que combinaron clásicos como Living in America o Tony the Beat con temas de sus últimos discos, menos efectistas y en el caso de su último trabajo, demasiado electrónicos, pero su espectacular frontman Maja Ivarsson volvió a evidenciar que los suecos sosos no se enrolan en una banda de rock, sino que se dedican al resto de profesiones del país nórdico. Un buen fin de fiesta para un día de buena música en directo, inmejorable compañía y la sensación de que este día sí compensaba la asistencia a este nuevo festival madrileño, mención aparte para Foster the People, LA y Eels, del día anterior. Sólo quedaba el concierto de Cristal Castles, cuya propuesta electrónica me hubiera gustado ver, pero tras un día tan cargado de conciertos, el anhelo del descanso del guerrero fue superior que el de la inquietud musical.
Empiezo pues mi cuenta atrás para el Dcode 2012, confiando en que se repetirá, que se arreglarán los ligeros problemas de organización, que se eliminarán del cartel los grupos de adolescentes y que no me coincidirá con eventos importantes que marcan con letras grandes mi agenda veraniega del 2012.














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