Concierto de fin de año
Os describo una imagen que describe la mañana del primer día del año desde lo que alcanza mi memoria. Mi padre sentado en el orejero del cuarto de estar de casa, entrelazando las piernas, asislado del ruido y de los olores que desperende la cocina donde se prepara la comida de Año Nuevo, concentrado como si leyera un libro de su querido Paul Auster, sonriendo como si la pantalla de televisión emanara "el gas de la risa", moviendo los dedos de sus manos al compás, como si dirigiera él la orquesta.
Es el Concierto de Año Nuevo lo que ve, son las polkas y valls de Strauss lo que escucha, es Viena la ciudad donde se sumerge, son las batutas de Karajan o Barenboim las que observa danzar con elegancia y energía.
La actuación llega a su fin. Entre bromas y aplausos, arrancan los tambores... la Marcha Radetzky comienza al son de las palmadas del selecto e internacional público. Ahora sí, el año comienza.
Es el Concierto de Año Nuevo lo que ve, son las polkas y valls de Strauss lo que escucha, es Viena la ciudad donde se sumerge, son las batutas de Karajan o Barenboim las que observa danzar con elegancia y energía.
La actuación llega a su fin. Entre bromas y aplausos, arrancan los tambores... la Marcha Radetzky comienza al son de las palmadas del selecto e internacional público. Ahora sí, el año comienza.





















